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De Quimeras y Ensoñaciones

Trompetas en el parque, ratones en la luna

Trompetas en el parque, ratones en la luna La música suena entre las estrellas que se besan de forma tan tierna que la luna, solitaria y bella, les envidia, corretean por sus praderas de roca y polvo las miradas furtivas de las notas de trompetas que repiquetean sobre gargantas con gusto a ración de calamar, de jamón, de queso tierno, de terrazas y bares, de fiesta y charanga, de verbena y parranda, toca la banda juvenil, se espantan las urracas, las bravías y torcaces huyen, los gorriones se hacen emigrantes, y la cigüeña que pasa le hace sombra musical a la luna que escucha, suena una trompeta en el parque, una avispa pide socorro junto al charco formado a los pies de la fuente, más nadie escucha otra cosa que los acordes de fiesta, las estrellas han dejado de besarse, la luna de envidiarlas, las lombrices hacen eses y se acercan sorteando la maraña de briznas de hierba, los ratones en la hamaca de la luna, cuelgan sus pies indolentemente, tan sólo escuchan.
Una suena, otra trompeta la acompaña, hay voces que recitan canciones, el tambor tamborilea, hay una flauta que descompasada va tocando un dueto acompasado con el ritmo del ronquido inquieto de un vagabundo ebrio que dormita a lo lejos, suena música, hay una guitarra que se esconde entre los rayos de luna, polvorienta y abandonada, y un ratón que despierta, la contempla, la agarra, se envalentona con la música que le llega, la sujeta por las caderas, le besa las cuerdas, la templa, la luna se tapa los oídos, el ratón se arranca, ruido, el ratón de luna piensa que la guitarra está desafinada, más incluso, no sirve ya para la música, estropeada guitarra de luna, chatarra artística de trajes de lunares, sombreros Andaluces y palmas, manos retorcidas en el aire, ropajes que barren el suelo con su taconeo, y un olé gritado al ruedo donde la magia se hace danza, sigue sonando una trompeta en el parque, hay luciérnagas errantes que iluminan partituras invisibles sobre los árboles, un gato callejero se vuelve tierno, la música le amansa, deja de perseguir perros por los arrabales y ranas en los lodazales, sus ojos son dos dulces de membrillo sobre la tapia de la fábrica que sueñan con jugar al corre corre que te pillo, y de más brillo que los botones de un conserje de un hotel de cinco estrellas en la costa de Marbella.
Uno de los músicos que toca la trompeta, es un músico manco, le faltan todos los dedos de una mano y piensa en el ladrón que le arrebató su guitarra y la escondió entre los objetos de plata, en la luna, junto a una hamaca de ratón que no sabe ni tan siquiera tocarla y hay una chiquilla que le mira tocar, que se extasía con sus melodías, que volaría hasta la luna para regresarla, para regresar su guitarra que se cubre de polvo olvidada, mas … ¿Cómo lo haría?, a ella le faltan las manos, le faltan los brazos, no puede ni tan siquiera abrazar, pero es tierna y la música de trompeta le llena, y mira la luna y baila, da vueltas embutida en su baile de fiesta, cabellos largos al viento.
Entre el laberinto, las notas musicales juegan a encontrarse, a fundirse, a realzarse, entre la hierba del parque, dos amantes juegan a besarse, sobre la arena dos niños de ochenta años se marcan un chotis sin importarles que las trompetas toquen mariachis, una madre amamanta sin rubor a un futuro compositor sobre el banco del parque, dos niñas juegan a encontrarse, hay una avispa suicida muerta a los pies de un sensible sauce llorón que pena su osadía de insecto peleón, sacudiendo su hojarasca y enterrando sin plegarias en esa hora desdichada la memoria de aquel que un día en sus ramas se posó, sigue sonando una trompeta en el parque.
Un perro le ladra al ver el ratón de la luna, el ratón le hace burla, no podrá alcanzarle y toma la guitarra y se la lanza con alevosía y travesura, con intención inequívoca de escalabrarle, más la luna está alta y el tiro errado, las puntas de las alas de una cigüeña rasgan la guitarra al pasar, el músico manco la escucha, jamás olvidará el sonido de su amada, abandona su flauta, recoge la guitarra que cae desde lo alto, la estrecha contra su pecho, se embriaga con su aliento, la besa, se vuelve a enamorar de ella, la mira, remira, es magia, ya no suena una flauta en el parque, la lombriz se retira, el gato callejero baja de la tapia, los niños dejan de jugar y bailar, el ratón de la luna se enfada, la guitarra llora el abandono y poco a poco se deja acariciar, vibran cuerdas en el aire, pasión de metal, el músico manco desliza su mano sana por debajo de la cintura de la guitarra de forma zalamera, tejiendo carantoñas y arrumacos a su cuerpo barnizado de madera y ella canta, ella es mágica, ella compone y grita dulces melodías, sus cuerdas se bambolean solas, la música regresa, los tambores acompañan, hay otra trompeta, la guitarra canta baladas en la madrugada, y a su lado se sienta una chiquilla sin brazos que se deja abrazar por un manco, un ratón aplaude desde la luna que le regaña por no dejar escucharla, desde debajo de una hojarasca de sauce un corazón late, se debate entre la suavidad del dormir, pero despierta, blande sus alas, escarba y aquella avispa resucita y vuela, vuela, la gente regresa, vitorea, dice ole y olé, bailan, sueñan, se abrazan, miran ratones en la luna, dan palmas, se aman, y todo por una guitarra mágica que suena en el parque, en el parque suenan los acordes de una guitarra.

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